Podía parecer a los ojos mundanos la criatura más frágil e inocente de la tierra.

Pero cuando ELLA clavaba en mí su mirada de ESA forma, yo sabía que estaba perdida…Daba igual lo que ocurriera dentro o fuera del mundo. Justo en ese mágico instante, todo a mi alrededor parecía desvanecerse, desaparecer, sumirse en una oscura y densa niebla que daba paso a un universo paralelo donde sólo existíamos nosotras dos.

No supe lo que era amar a una mujer hasta que la conocí. Y a pesar de haberlo imaginado mil veces, mis expectativas oníricas se multiplicaron exponencialmente la primera vez que me dio la mano y me sonrió. Ese día, sentí una mezcla extraña de alegría, pánico, rubor, deseo e intensidad, que nunca jamás había sentido antes. Sí, en efecto… Yo, una rompecorazones masculinos experimentada y hasta castigadora, una actitud libre nacida para seducir, yo… me derretía con cada palabra, con cada gesto, con cada mirada que me dedicaba aquella deliciosa mujer.

ELLA era hermosa y muy joven, con el pelo negro azabache largo hasta la cintura, de curvas generosas y proporcionadas, rasgos suaves, piel de puro algodón y una mirada inocente que embelesaba. Sí, para mí era la mujer perfecta, y yo, realmente, la adoraba.

La primera vez que hablamos, mi corazón latió con tal frenesí que creí llegar al borde del infarto. Cada vez que me sonreía, no podía evitar sentir un nudo en el estómago. Y cuando supe que ella compartía y me correspondía en esta desazón que me mortificaba desde hacía tiempo, ese día me miró, clavó sus ojos en mí de ESA forma, y compartimos el beso más largo y tórrido de toda nuestra vida. Y a partir de ahí fue un no parar de amor y deseo, meses de descubrimiento y liberación, de sexo divino y desenfrenado que nos dejaba exhaustas y rendidas cada tarde, hasta que un capricho del destino hizo necesaria nuestra separación.

Aún hoy, cuando en la noche recorro lentamente con mis manos mi cuerpo en solitario, hay veces que, por un instante, me parece volver a estar junto a ELLA, sentir sus labios, notar su respiración en mi cuello, su voz en mi oído, sus dedos dentro de mí… y no puedo evitar gemir intensamente de puro placer.

Porque hay recuerdos que están grabados a fuego en mi memoria… Y ella será siempre dueña de mi PIEL.

Para N. La mujer de mi vida.

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